jueves 10 de enero de 2008

Embaucar con las "rebajas"

Como todos los años, comienza el período de rebajas. Nunca he sido particularmente aficionada a éstas, pero algunas veces acudo como cualquier hijo de vecino. Y resulta bastante curioso cómo la tienda que hace dos días tenía determinadas prendas, el primer día de rebajas ha cambiado completamente dichas prendas por otras de calidad manifiestamente inferior. ¿Y eso no estaba prohibido? Debería, en cualquier caso. No me creo que “casualmente” se haya gastado todo, puesto que las tiendas llevaban sólo dos horas abiertas, no había mucha gente en ese centro comercial en particular y era el primer día de rebajas. Y tampoco se trata de tiendas desconocidas, sino de marcas típicas como H&M y cosas así. Lo cual quiere decir que en cuanto empiezan las rebajas “esconden” las prendas de temporada y sacan las de la temporada anterior, o las básicas de tela de mercadillo. ¿Para qué se hacen rebajas entonces, si no se da opción a adquirir las mismas prendas a un precio más rebajado, que se supone es de lo que se trata? No es más que otro circo, como todo, un cuento chino para que la gente acuda en manada comprando cosas que no necesita pagando más de lo que valen.

lunes 26 de noviembre de 2007

Gestos, ademanes y groserías

El viernes me paró la guarda civil. Por qué, no lo sé todavía, porque no me dieron ninguna explicación. Eran dos chicos jóvenes que debían de estar aburridos y se dedicaban a parar aleatoriamente a la gente o vete tú a saber. El caso es que uno de ellos se puso en el borde de la calle y cerró el puño hacia abajo. ¿Cómo se supone que debo interpretar ese gesto? Yo no sé si eso significa que se está rascando la pierna, si está escondiendo un trozo de hachís o jugando a los chinos con su compañero. Para mí el gesto de pararse de toda la vida es alzar la mano doblando el brazo. Vamos, eso es internacional. El caso es que dudé unos segundos pero me paré. Rápidamente ambos guardias vinieron y de muy malos modos me amenazaron con denunciarme por intento de fuga, quitarme no sé cuántos puntos y ponerme no sé qué multas.

Me tuvieron parada quince minutos haciéndome sacar papeles tras papeles, todo de muy malas maneras y con ademanes groseros. Finalmente me dejaron ir. Y me dio mucha rabia, porque a los tres metros un loco se saltó un semáforo, ¡y a él no le dijeron nada! Yo siempre cumplo las normas, tengo todo en regla, no me salto nada, y me paran a mí. ¿Por qué siempre pagan justos por pecadores?

Hace muchos años había otros dos guardias civiles en un punto cercano a donde los dos del viernes me pararon, yo pensé que querían que me parara, así que empecé a frenar, con lo que uno de los guardias empezó a gritarme que por qué me paraba y que siguiera. ¿Y por qué esta vez tenía que interpretarlo de otro modo? ¿No existe un gesto claro y delimitador para parar? ¿No deberían regular un aspecto tan básico como éste en el reglamento de circulación, por qué he de saber telepáticamente qué pretenden de mí?

viernes 26 de octubre de 2007

Use usted Internet Explorer o aténgase a las consecuencias

¿Cómo puede ser que, estando en el año 2007, aún haya páginas web con ese aire decadente de los 90? No me refiero a páginas personales, por supuesto, sino a páginas oficiales. No sé, a mí me parece que queda COMO EL CULO que una web de un ayuntamiento parezca realizada por un becario hace 10 años. Es que da una imagen espantosa. Eso por no hablar de las páginas sin actualizar (porque vamos a ver, ¿de qué sirve una página con la agenda cultural de un teatro si la última vez que se actualizó fue en diciembre de 2006?). Y por supuesto, el tercer y último mal: las páginas que no cumplen estándares del W3C (¡a estas alturas, es que alucino!) y SÓLO se ven con Internet Explorer. Y a los demás, que nos zurzan.

Hace bastante tiempo recuerdo que tuve que poner una reclamación en ING Direct, porque su página sólo se veía con Internet Explorer, lo cual para un banco exclusivamente por Internet queda de un cutre impresionante. Les dije que si yo no podía visualizar correctamente mis movimientos o mi cuenta bancaria con Firefox, que ampliaran el lema de "tu banco por Internet" a "tu banco por Internet Explorer" y así uno sabría a qué atenerse. Por suerte, solucionaron el problema rápida y satisfactoriamente. No así con el Santander, que sólo se ve con Explorer, aún a día de hoy (ya no estoy en ese banco, por suerte).

Hace un rato intenté comprar unas entradas por Internet pero la paginilla de marras (Telentradas.com) tampoco se ve en Firefox ni en Opera. ¿Resultado? No he comprado las entradas, y santas pascuas. Si una empresa privada no exige que sus webs cumplan estándares, ellos verán (perderán clientes sin ninguna duda). Pero que una página pública, de un ayuntamiento, que todos pagamos por lo tanto, haya de verse única y exclusivamente con el navegador propietario de Microsoft es totalmente vergonzoso.

jueves 25 de octubre de 2007

Desorientación descolorida

¿Qué precio tiene una placa de esas donde se pone el nombre de la calle? ¿Cuánto le puede suponer eso al ayuntamiento de turno? ¿Calderilla miserable? Recuerdo hace bastantes años, en que el alcalde de un ayuntamiento me mostró cómo habían sido los presupuestos de aquel año. Recuerdo especialmente las inmensas cantidades de dinero que se gastaron en comidas a costa del susodicho ayuntamiento, y si mirabas el desglose de dichas comidas veías cosas extrañísimas como que un cubierto costaba 50.000 pesetas (¡entonces era muchísimo!) en una mesa y 100.000 en otra (no estoy hablando del consumo total de la mesa, sino de CADA cubierto, es decir, que las cifras no cuadraban precisamente y aquello era rarísimo, por decirlo finamente). Y éste no es más que un pequeño ejemplo que yo conozco personalmente, pero yo no sé nada, así que a saber qué se mueve por ahí exactamente.

Pero a lo que iba, las calles están cada vez peor señalizadas. Imaginemos una urbanización con calles de 50 números y únicamente una placa al final. ¿Quiere esto decir que hay que recorrerse la calle entera para saber cómo se llama y si vamos por el buen camino? A veces, de hecho, no sólo hay una única placa, sino que encima está tan descolorida por el tiempo que ni siquiera se lee lo que pone. ¿Por qué no se prestará nunca atención a este tipo de cosas, quizás detalles, pero que tanto pueden ayudar en un momento en el que tienes prisa en llegar a un sitio pero no eres capaz porque no hay ni una triste indicación? O eso, o que nos inserten a todos un chip con GPS en el cerebro. Lo que mejor les venga.

miércoles 24 de octubre de 2007

El estrés de la lluvia

¿Por qué será que en los días de lluvia se conduce peor? Me resulta algo totalmente misterioso. ¿No se debería, al contrario, extremar la precaución? No sé si es que en situaciones de estrés la gente se comporta al revés de lo esperado, o si simplemente la lluvia hace que saque el coche la gente que no tiene costumbre... No lo entiendo. Pero resulta desde luego curioso observar que cuanto peores estén las condiciones climatológicas, peor conducen las personas en vez de al revés. ¿No es chocante ver cómo los seres humanos siempre van al contrario de lo supuestamente lógico desde todos los puntos de vista? No creo yo que un león en plena selva bajo malas condiciones actúe peor. Pero en los humanos el estrés paraliza en vez de ayudar. Y eso se ve reflejado en todos los aspectos, no ya sólo en el estrés de la lluvia, el tráfico y la conducción.

lunes 15 de octubre de 2007

Bizmas y cataplasmas

Vivimos en la sociedad de los parches. Y así, es mucho más común poner un parche tras otro en vez de modificar el problema desde la raíz. Y a base de tanto parche, la cosa acaba explotando. La falta de previsión es un síntoma característico de la sociedad loca en la que vivimos, en la sociedad de la saciedad. ¿Hacemos un centro comercial que va a tener miles de visitantes al día? ¡Para qué ampliar la carretera, que se apañen con los dos carriles que hay, aunque eso vaya a causar retenciones de varios kilómetros! ¿Tenemos que abrir una avenida entera para meter cableado eléctrico? ¡Pues hala, a picar y bloquear la calle, aunque dos meses después haya que volver a abrir, para poner no sé qué del gas, en vez de juntar ambas cosas! ¿No funciona cualquier cosa? ¡Pues chapuza al canto, que para qué vamos a perder el tiempo averiguando qué es lo que pasa, si podemos montar un remedio temporal y absolutamente cutre! Modificar infraestructuras es muy caro y seguramente laborioso, pero ¿no sale al final más caro poner un parchecito tras otro? ¿Una pelota llena de parches no acaba teniendo al final más plástico de los parches que su plástico propio?

martes 25 de septiembre de 2007

No me importa lo que escribo, no me importa lo que hago

Creo que la manera en que uno escribe muestra cómo se es por debajo. Quiero decir, no es que yo sea una maniática de la ortografía por pedantería o por fastidiar a nadie. Es que me repatea ver cómo la mayoría de las personas no pone ninguna atención en lo que escribe. Vamos a ver, yo estudié en un colegio extranjero y sólo di un año de lengua española en toda mi vida, y he sido perfectamente capaz de aprender las reglas de ortografía del castellano, que además son muy sencillas comparadas con las de otros idiomas. Así que asumo que no se trata de una dificultad espantosa, de algo inalcanzable. Hace años me sorprendía mucho a causa de esto, en el sentido de que si se supone que todo el mundo lleva desde su más tierna infancia asistiendo a clases de lengua, ¿cómo puede ser que nadie escriba decentemente? Pero ahora comprendo que el escribir con corrección no es un derecho, sino un privilegio. En toda mi vida he conocido a unas cinco personas, CINCO, que escriben sin faltas de ortografía. Igualmente he tenido el gusto de leer manuscritos de insignes profesores universitarios, doctores y todo lo demás, que no es que se olviden un pobre acento, sino que perpetúan genialidades como “haiga”, “habrir” y cosas por el estilo.

¿Qué es lo que pasa? Muy sencillo: nadie relee lo que escribe, por exceso de confianza, por pasotismo, o por ambas cosas, qué sé yo. Pero para mí, hoy por hoy, una persona que no presta atención a lo que escribe se extrapola a que no presta atención a lo que hace. ¿Y cómo me va a dar confianza una persona que no revisa lo que hace? Si alguien no relee lo que ha escrito a mí no me da confianza. Me parece, incluso, una falta de respeto, en el sentido de “no me interesas lo más mínimo y no te respeto, así que escribo esto de cualquier manera porque qué más me da lo que tú pienses”. Todo el mundo puede cometer un fallo, vale. Pero todo el mundo es capaz de releer lo que ha escrito y corregir ese fallo. Quizás todo esto parezca exagerado, pero no es así. El “pasotismo” ortográfico no sólo es por ignorancia. Es sobre todo una falta de delicadeza, de respeto, y una muestra bastante triste de la dejadez y la mediocridad que pulula por doquier.